domingo, 27 de mayo de 2012

Corrigiendo la deriva



Mañana de domingo, frío y humedad para recordar que estamos en invierno. Mi caminar hacia el hangar resulta esponjoso, mis zapatos se hunden unos pocos milímetros en la tierra y quedan mojados con las gotas de rocío que siguen sobre el césped. Cielo grisáceo con algunos claros.  La manga cuelga aburrida, el viento descansa.  Los árboles quietos. Se escucha el silencio.
Soy el primero en llegar hoy, abro los portones y saco a Caleu. Luego del habitual chequeo, y haber calentado el motor, nos disponemos a despegar, elegimos la 21, nos ubicamos en la cabecera y potencia al tope. En poquito recorrido ya estamos en el aire, ascendemos más y encontramos que aquí arriba la cosa está distinta, viento y ráfagas le ponen sabor al vuelo. Aprovechando que el viento se hizo presente nos ponemos a jugar con él. Con viento en cola observamos la velocidad que llevamos con respecto al suelo y luego la comparamos con la que observamos con viento de frente, siempre me resulta divertido esa sensación de ir rapidísimo o que parezca que estamos quietos en el cielo, como un barrilete. Luego viene el otro juego, el de hacer un círculo perfecto con un molino de agua como centro y que el viento no te desplace, de un lado apenitas bajando el ala y del otro lado con el ala bien hundida. Por último el de hacer un circulo como si no hubiera viento, manteniendo el ángulo de las alas durante toda la circunferencia, y luego observar cuanto nos hemos desplazado del lugar donde la iniciamos.
Jugando nos hemos alejado, emprendemos el regreso. Miro alrededor y me ubico, ya se hacia donde tenemos que ir. El viento viene de la derecha, corrijo la deriva y Caleu continúa su recorrido avanzando de costado, con la nariz apuntando al norte, pero con su trayectoria hacia el nor-oeste.
Con esto se me disparan algunas preguntas del vivir cotidiano: ¿sabemos hacia dónde queremos ir? ¿estamos yendo hacia donde queremos? Si las circunstancias soplan de costado, ¿corregimos la deriva? ¿o caemos en soltar lo que queremos y dejarnos llevar por esas circunstancias hacia lugares distintos? ¿podemos jugar con esas circunstancias como jugamos con el viento o las tomamos con gravedad? ¿estamos disfrutando este vuelo?
Si nos preguntamos podemos respondernos, si nos respondemos podemos reflexionar y distinguir, si distinguimos podemos elegir.
Somos nosotros los que sostenemos la palanca de mandos, ¿nos reconocemos como los constructores de nuestra propia vida?

miércoles, 4 de abril de 2012

Estar en las nubes


Niebla en la mañana de este domingo. Mientras espero se disipe un poco comparto mates, conversación y risas con otros locos que eligieron, como yo, estar un domingo a las 8 de la mañana en el aeródromo. Ya despejado, y luego del chequeo, pongo en marcha a Caleu, calentamos y nos dirigimos hacia la pista. Potencia a tope, carreteo sobre la pista, cuidando el ala izquierda, pues tenemos viento de ese lado. Velocidad. Soltamos el suelo, las ruedas siguen rodando, pero en el aire.
Arriba hay nubes, con Caleu nos sonreímos y ascendemos, no se si él es mi cómplice o yo soy el suyo. Subiendo quedamos dentro de la cola de una nube, es espesa, no vemos nada, es un gris con mucho de blanco, muy intenso, es hermoso y a la vez siento esa parte de susto que suele dar cuando hacemos algo que está fuera de nuestra zona de comodidad, de las cosas que sabemos, que conocemos. Son dos, tres o cinco segundos que el corazón se detiene, la respiración es profunda, honda, luego, muy pronto estamos fuera y viendo nuevamente. Es ese placer con desafío y aventura.
Ahora estamos sobre las nubes, y lo primero que encuentro es que arriba de ellas hay cielo, sol, libertad, inmensidad y belleza. Desde el suelo está nublado, desde aquí no.
Estoy en las nubes, me divierte la idea, estar en las nubes es magnífico, por lo menos para mí. Pienso:¿que pasa cuando alguien nos dice que estamos en las nubes? ¿que quiere decir? Pues se le dan muchos significados a esta frase:
       -para algunos estar en las nubes es estar distraído.
       -para otros significa perder el tiempo.
       -otros piensan que en las nubes están los tontos.
       -estar en las nubes es estar despistado.
       -y para completar podría ser: estar en las nubes es no vivir en el mundo real y pensar que todo está bien y es perfecto y maravilloso.(me encanta)
Podemos decir que un músico está en las nubes, que un pintor está en las nubes, pero ¿acaso no es ese un buen espacio para crear?
¿Quienes somos para juzgar a los demás? ¿Quien nos dio autoridad? ¿Que queremos cuando opinamos sobre otro? ¿Nos damos cuenta de que las opiniones que emitimos son nuestras, que tienen que ver más con como vemos el mundo nosotros, que con el otro? A veces pienso que actuamos desde creer que tenemos la verdad, creyendo que lo que nosotros vemos es lo correcto. ¿Cómo nos relacionamos con los demás desde este lugar? ¿y si lo correcto no existe? ¿si solo tenemos distintas opiniones? Y por último, ¿si legitimamos al otro con su opinión? Hacemos el mundo en el que vivimos desde nuestras acciones, podemos empezar a elegir antes de actuar, de opinar.
Estar en las nubes me resulta muy agradable, un lugar para disfrutar, un espacio para encontrar la armonía, un sitio donde soltarme. ¡Que bueno que es estar en las nubes!
Bajamos la potencia, el motor regulando, haciendo un espiral voy perdiendo altura, observo y me impregno de todo lo que veo y siento, distingo la pista, me dirijo a ella. Un aterrizaje hermoso, que lindo que es aterrizar con viento cruzado. Despego nuevamente, solo para disfrutar de otro aterrizaje.






miércoles, 8 de febrero de 2012

Cuatro cielos


Estoy con Caleu en la cabeceras 03, listo para poner potencia y salir al aire. Miro el reloj, solo nos quedan treinta o cuarenta minutos para volar, luego se viene la noche, así que decido aprovechar cada minuto, potencia a full y arriba.
La serenidad y armonía que suele tener el aire del atardecer se hace presente, es como un manto de paz, belleza y libertad que cubre todo, es como la sonrisa de un niño que tiene ese enorme poder de contagiarte su alegría. Estoy aquí arriba y todo transcurre despacio, hay una temperatura agradable y muy poco viento del norte. Todo mi ser se impregna de esto tan maravilloso que encontré aquí.
Observo para disfrutar, encuentro un molino y me quedo con él, desde arriba le dibujo un giro bien escarpado hacia un lado y luego hacia el otro, jugando, divertido, vuelo y a la vez juego a que vuelo. A lo lejos se ve toda esa cosa enorme de cemento que es la ciudad, la catedral se destaca con sus puntas y un poco mas allá el Río de La Plata.
Veo a mi izquierda al sol queriendo esconderse, giro para verlo de frente y entonces me doy cuenta de lo que no había distinguido, hago un giro de 360º para verlo todo. Hacia el oeste se encuentra el sol, esa poderosa bola naranja que todavía ilumina ese sector de cielo y dice: aquí es de día. Por el sur un gris intenso, pesado, nubes de tormenta, amenazantes. La luna, llena, en el este, con el cielo mas oscuro, trayendo la noche, posando bellísima. En el norte cielo despejado, de un lado claro y del otro oscuro, pero totalmente despejado. Esto es fascinante, estoy inmerso en este regalo recibido, cuatro cielos diferentes, pero que a la vez son un solo cielo.
Pienso que puede que algunas veces veamos nuestro futuro así como tormentoso, debido a algo que nos sucedió o que nos está sucediendo, algo como perder el trabajo por ejemplo, que no podamos ver más que ese sector de cielo grisáceo, y puede que nos enojemos o nos resignemos ante esto.
Quizás en otras oportunidades estemos pasando por circunstancias diferentes, que las cosas no salen como queremos, que veamos oscuridad y tal vez nos de miedo esa oscuridad.
¿Que nos pasa con estas cosas? ¿Que estamos mirando? ¿Como las vivimos? ¿Que hacemos con ese enojo o con ese miedo? Por ahí nos sintamos atrapados, reaccionando ante lo que nos pasa. Hay para mí una gran diferencia entre accionar y reaccionar, y es que en el accionar habita la libertad, en el accionar yo elijo que quiero para mí, no podré elegir las circunstancias, pero si puedo elegir que voy a hacer con ellas.
Si podemos observar las cosas desde otro lugar, girar 360º para ver los cuatro cielos que están disponibles, tal vez entonces tengamos a nuestro alcance ver que las cosas no son trágicas o terribles, si no que nosotros les dimos esa interpretación, pero las podemos cambiar, y entonces, viviéndolas desde otro lugar encontremos un aprendizaje para nosotros y podamos re-direccionarnos.
Nosotros somos los que podemos ver que cada uno de esos cielos, no es más que una parte del cielo,  nosotros somos los que piloteamos nuestras naves, los que sostenemos la palanca de mando y los que elegimos hacia donde dirigirnos.

viernes, 27 de enero de 2012

Incertidumbre



Considero que algo que hace mágico el volar es justamente la incertidumbre. Disfruto mucho de volar, en el vuelo el medio es el aire, este aire a diferencia del suelo, no es algo que está fijo y quieto. Hay aire fresco de las mañanas, aire digamos que esperanzado, anunciando todo un día por delante; aire de verano, en esos horarios del mediodía, aire agobiado por el calor manifestándose vigoroso, despertando mis sentidos, poniéndome en alerta. Ese no  saber  si va a cambiar el viento, si pueden venir ráfagas, si vamos a agarrar una descendente, o si una ascendente no nos va a dejar bajar. A veces tendremos esos vuelos de seda, prolijitos e impecables, sin una gota de viento, otras tendremos que corregir la deriva por el viento lateral. A veces nos costará ascender y otras aterrizar, tal vez tendremos que aterrizar con viento cruzado, esos aterrizajes con adrenalina extra, en que tendremos un ala bien abajo y apoyará primero la rueda de un lado, luego la del otro  y por último la de nariz.
Pero por otro lado, pareciera que esta incertidumbre que tanto sabor le da a mi volar, socialmente la consideramos como algo no grato, es como que está mal no saber que va a pasar o que vamos a hacer. La incertidumbre vendría a ser algo como una maldición. Vemos valor en la seguridad, creyendo que esta seguridad nos protege de algo malo que nos pueda pasar, de que nos lastimemos, de que nos golpeemos, de que nos decepcionemos, de que perdamos. Esta seguridad es como una cápsula, dentro de la cual estamos protegidos, lo cual puede resultarnos muy cómodo. El riesgo para mí es que esta cápsula se transforme en una especie de jaula, que nos tenga atrapados, porque si prendemos la luz para ver con mayor claridad, puede que nos demos cuenta de que si quiero crecer no voy a entrar en esta cápsula, de que para aprender algo, ese algo está afuera de ella. Este escudo aparente que por un lado nos protege, también nos limita. ¿Cuántas cosas dejamos pasar o nos privamos de hacer  por no saber como saldrá? Cuando digo esto pienso en situaciones como:
 -muero de ganas de invitarla a salir, ella me gusta, pero ¿yo le gustaré?, ¿y si me dice que no?
 -tengo la posibilidad de trabajar en forma independiente de mi profesión, pero, ¿ganaré lo suficiente?¿y si no consigo clientes?¿y si me va mal?
Si queremos ver el mundo, si queremos ver las posibilidades, si queremos  ver toda esa inmensidad que está disponible para nosotros, está ahí afuera, solo tenemos que soltar esas certezas que tan fuerte sujetamos, solo tenemos que levantar la nariz y emprender el vuelo. Y es entonces que podremos ver en esa incertidumbre valor, sabiendo que podremos disfrutar de esa incertidumbre, que podremos vivirla como una aventura, pues ¿donde sucede una aventura si no es en la incertidumbre?

Un día durante el invierno.

Había amanecido solo un par de horas atrás, el día estaba completamente despejado, como suele suceder allí en Traslasierra. Todavía est...