miércoles, 8 de febrero de 2012

Cuatro cielos


Estoy con Caleu en la cabeceras 03, listo para poner potencia y salir al aire. Miro el reloj, solo nos quedan treinta o cuarenta minutos para volar, luego se viene la noche, así que decido aprovechar cada minuto, potencia a full y arriba.
La serenidad y armonía que suele tener el aire del atardecer se hace presente, es como un manto de paz, belleza y libertad que cubre todo, es como la sonrisa de un niño que tiene ese enorme poder de contagiarte su alegría. Estoy aquí arriba y todo transcurre despacio, hay una temperatura agradable y muy poco viento del norte. Todo mi ser se impregna de esto tan maravilloso que encontré aquí.
Observo para disfrutar, encuentro un molino y me quedo con él, desde arriba le dibujo un giro bien escarpado hacia un lado y luego hacia el otro, jugando, divertido, vuelo y a la vez juego a que vuelo. A lo lejos se ve toda esa cosa enorme de cemento que es la ciudad, la catedral se destaca con sus puntas y un poco mas allá el Río de La Plata.
Veo a mi izquierda al sol queriendo esconderse, giro para verlo de frente y entonces me doy cuenta de lo que no había distinguido, hago un giro de 360º para verlo todo. Hacia el oeste se encuentra el sol, esa poderosa bola naranja que todavía ilumina ese sector de cielo y dice: aquí es de día. Por el sur un gris intenso, pesado, nubes de tormenta, amenazantes. La luna, llena, en el este, con el cielo mas oscuro, trayendo la noche, posando bellísima. En el norte cielo despejado, de un lado claro y del otro oscuro, pero totalmente despejado. Esto es fascinante, estoy inmerso en este regalo recibido, cuatro cielos diferentes, pero que a la vez son un solo cielo.
Pienso que puede que algunas veces veamos nuestro futuro así como tormentoso, debido a algo que nos sucedió o que nos está sucediendo, algo como perder el trabajo por ejemplo, que no podamos ver más que ese sector de cielo grisáceo, y puede que nos enojemos o nos resignemos ante esto.
Quizás en otras oportunidades estemos pasando por circunstancias diferentes, que las cosas no salen como queremos, que veamos oscuridad y tal vez nos de miedo esa oscuridad.
¿Que nos pasa con estas cosas? ¿Que estamos mirando? ¿Como las vivimos? ¿Que hacemos con ese enojo o con ese miedo? Por ahí nos sintamos atrapados, reaccionando ante lo que nos pasa. Hay para mí una gran diferencia entre accionar y reaccionar, y es que en el accionar habita la libertad, en el accionar yo elijo que quiero para mí, no podré elegir las circunstancias, pero si puedo elegir que voy a hacer con ellas.
Si podemos observar las cosas desde otro lugar, girar 360º para ver los cuatro cielos que están disponibles, tal vez entonces tengamos a nuestro alcance ver que las cosas no son trágicas o terribles, si no que nosotros les dimos esa interpretación, pero las podemos cambiar, y entonces, viviéndolas desde otro lugar encontremos un aprendizaje para nosotros y podamos re-direccionarnos.
Nosotros somos los que podemos ver que cada uno de esos cielos, no es más que una parte del cielo,  nosotros somos los que piloteamos nuestras naves, los que sostenemos la palanca de mando y los que elegimos hacia donde dirigirnos.

Un día durante el invierno.

Había amanecido solo un par de horas atrás, el día estaba completamente despejado, como suele suceder allí en Traslasierra. Todavía est...