sábado, 6 de julio de 2013

Tres días en vuelo (1° parte)


El cielo está gris, el frío se esparce en el campo, se acomoda y se queda, es su estación preferida del año. En el aeródromo se hace sentir y se lo combate con mates calentitos y conversación. Pasa gran parte de la mañana entre preparativos, chequeo, hacer combustible y otros menesteres. El momento de volar ha llegado, nos espera una linda travesía, 950km en 2 días, saludos, abrazos y en marcha.
Bombeo desde la bombita cebadora, el combustible comienza a subir por la manguera, pasa por el filtro de nafta, por la bomba y llega hasta el carburador, dos bombeos más y ya se siente la presión de que está todo lleno. Miro alrededor, pongo en contacto y grito:
-          ¿Libre? –alguien confirma y devuelve también en voz alta.
-          ¡Libre!!
Tiro de la piola y en el primer intento Caleu arranca, él también estaba esperando este momento, quería conocer su nueva casa, allí en traslasierra, del otro lado de las altas cumbres, con ese paisaje tan diferente, esa belleza que tienen las sierras y los ríos de montaña, todo un cambio de vida para los dos, en realidad para más de dos pues ya me están esperando allí esa flaquita divina que es mi esposa, mis dos niños más chicos, Mork y Mindy, nuestros perros y Mishi Mini Minina, la gata.
El motor ya calentó, cinturón de seguridad abrochado. Hace frío y la cabina de Caleu es abierta así que estoy bien abrigado, por fuera se ve el camperón que tapa hasta la nariz, la bufanda, gorro de cuero con orejeras, auriculares, guantes abrigando las manos. Miro alrededor, saludo con la mano y comienzo a carretear hacia la pista.
La manga cuelga indicando que no tenemos viento, no hay nadie a la vista allá arriba, así que voy hasta la cabecera, observo un instante más el lugar. Siento algo de tristeza, se que voy a extrañar a este lugar y a esta gente, aquí conocí lo que era un avión ultraliviano, aquí aprendí a volar, aquí conocí y compré a Caleu, aquí hice buenos amigos, aquí compartí asados y fiestas, aquí volé todas las semanas estos últimos cinco años. Todo esto es algo que queda grabado, que no se olvida. También siento alegría pues estoy yendo a vivir al lugar que elegí para vivir, soltando un montón cosas buenas y lindas por otras que vendrán que seguramente también serán buenas y lindas, ya que para mí, el que sean buenas y lindas dependen más de el que las ve que de las cosas en sí mismas.
El reloj marca las 11 en punto. Potencia a fondo, velocidad sobre el césped, las ruedas sueltan el suelo y ahora las alas se hacen cargo. Adiós Aeródromo Poblet, o PBE como te llamamos los amigos.
Ascendemos a 500 pies, palanca a la derecha para corregir el rumbo hacia el nor-oeste, aquí arriba tengo viento en contra, por suerte es suave. La ruta 2 pasa por debajo y rápido distingo la 215 allá adelante, la rotonda y la 6 que va a ser mi guía en este primer tramo. El GPS está disponible, pero elegí guardarlo y guiarme con el mapa y las rutas, para mi hay una gran parte de la aventura que se pierde si lo utilizo, y el sentido de este viaje es esa aventura, creo que mientras me mantenga transitando aventuras seguiré siendo niño. Si, ya se, un niño de 41 años, con las primeras arruguitas en los ojos, el pelo plateado, papá y abuelo, pero con eso que distingue a los niños: el disfrutar, el maravillarme por las cosas de la vida y por todo lo que hay por aprender, el divertirme, el encontrar el juego, el ver  sin la gravedad que le ponemos los adultos a las cosas.
El campo sigue desplazándose hacia atrás lentamente, el cielo continúa cubierto y hay una especie de bruma aquí arriba que disminuye un poco la visibilidad. Todavía no aparece la pista de General Rodriguez, mi plan es llegar a San Antonio de Areco para hacer combustible y seguir. Una bandada de pájaros más abajo muestra su impecable vuelo en formación. Eso de allá adelante debe ser la pista. Mientras tanto la ruta de asfalto a veces se acerca y otras se aleja con sus curvas, con Caleu seguimos derechito sin perderla de vista. Lo que creí que era la pista cuando estuvimos más cerca nos dimos cuenta que no lo era. Esto es diferente que volar en terreno conocido donde con una mirada alrededor encontrás algo que te orienta.
La pista de Rodriguez pasa a mi izquierda, en dos oportunidades estuve allí abajo disfrutando de esos impresionantes festivales aeronáuticos, viendo todo tipo de aviones, nunca había venido volando, una parte de mi quiere bajar, la otra me dice que continuemos con el plan que nos trazamos, en unos instantes nos pusimos de acuerdo y decidimos continuar volando.
Eso de allí debe ser la autopista 7, o sea que esa población que vimos a la izquierda hace un ratito tiene que haber sido Luján. Seguimos adelante. Chequeo el combustible y veo que no voy a llegar a donde me había propuesto, así que decido bajar, al costado de la ruta hay un buen espacio para usar de pista, hago una primera pasada baja para observar de cerca. Si, está en condiciones, subo nuevamente, dibujo un círculo completo y abajo, las dos ruedas del tren principal tocan el pasto, la de nariz sigue en el aire, ahora hace contacto con el suelo también, carreteo uno poco, quietos, contacto en off. Me desabrocho el cinturón y me bajo, Caleu descanza un rato, yo me estiro, me saco los guantes y observo que viene un hombre que sale de una casa que hay allí cerquita y otro que del frente viene con su auto.
-          ¿Todo bien? – me pregunta el del auto.
-          ¿Qué pasó? – pregunta el otro.
-          Nada, tengo muy poco combustible, necesitaría cargar, ¿hay una estación de servicio cerca? – contesto.
-          Si, acá cerca hay una estación de servicio, ¿si querés yo voy con el auto? ¿Qué nafta lleva?

Mientras el muchacho del auto fue a buscarme combustible me quedé conversando con sus hijos y con el otro hombre. El más chiquito pidió subirse a Caleu y el hermano mayor le sacó fotos con el celular. Habrán pasado unos veinte minutos y ya tenía el combustible conmigo, preparé la mezcla, lo trasvasé al tanque de Caleu.  Más fotos, agradecí por la gauchada de poner a disposición su tiempo y su auto y también por la conversación, saludos y a emprender el vuelo nuevamente.

8 comentarios:

  1. Que linda experiencia hijo la disfrute con vos, mientras contabas yo volaba a tu lado ,que bueno fue compartir este momento juntos,te quiero mucho.

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  2. Muy bueno, pero dame el link de la segunda parte!!! y si hay una tercera tambien!, fuiste Nor oeste a donde ibas a tuu nuevo lugar para vivir?? donde te fuiste??

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    1. Hola elpescador22, seguramente mañana estoy publicando la segunda parte. Mi vine a vivir a Nono. Un gran cambio, es un pueblito hermoso de 2000 habitantes.

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  3. Felicitaciones, hermoso relato, queremos saber mas, como termino esto, te comento que voy a empezar el curso de ultra con 39 años y espero algun dia tener tambien mi ultra para salir a disfrutarlo, un abrazo y disfrutalo.

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    1. Hola, gracias por tu comentario, que bueno que comiences el curso, te cuento que yo comencé con el curso y ni bien lo terminé pude comprar mi ultra. Creo que es impresionante el poder de la mente, diseñamos primero lo que queremos que pase y luego lo vamos haciendo realidad. Espero disfrutes mucho de tus vuelos. Un abrazo, buenos vuelos y cielos azules.

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  4. albertomentucci@yahoo.com.ar8 de julio de 2013, 12:50

    Veo que comensaste con el relato de tu viaje, esperando la
    segunda parte, la primera muy buena, soy con quien estuviste
    en Achiras, colega, pero en trike, coordinaremos mas adelante, cuando ya estes instalado en tu nuevo hogar, para
    realizar vuelos, ya que la distancia que nos separa es la ideal, un abrazo y bienvenido a la provincia

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    1. Hola Alberto, muchas gracias por tu comentario, que buen recuerdo me traigo de Achiras, fue un gusto conocerlos y ya estaremos en contacto. Un abrazo, buenos vuelos y cielos azules.

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