viernes, 12 de julio de 2013

Tres días en vuelo (2° parte)


Caleu arranca, acelerador a tope, velocidad sobre el césped, cuando el
velocímetro marca 50mph traigo la palanca hacia mí, se nota que vamos con más peso que de costumbre a pesar de que el equipaje es mínimo, 5 litros de aceite para preparar mezcla, un bidón de 20litros para buscar combustible, una bolsa donde llevo mi poncho por si puedo hacer noche dentro de algún hangar y mi bolsito con toda mi documentación y la de Caleu. Ahora flotamos y comenzamos el ascenso. El cielo sigue cubierto por esa masa densa de color gris que oculta lo mágico del celeste, que me significa ese espacio de libertad hasta el infinito. Igual no hay forma de no sentirme libre aquí arriba.
            El vuelo transcurre ahora movidito, es un horario de térmicas, que a pesar de estar nublado y hacer frío, están aquí. Caleu se mueve un poco, es como si nos agarraran desde arriba y tiraran hacia allí y de golpe nos sueltan, esto sucede muchas veces y rápido, ahora el ala derecha es la que sube, un poquito de palanca para ese lado entonces; y así, acomodándonos a estos movimientos, seguimos.
Estoy sentado aquí con Caleu, mientras él intenta hacer el viaje lo más suave posible yo regreso el tiempo atrás. Me veo sentado en la silla, dentro de la casa de Matute, con un pie haciendo base sobre el suelo, la otra pierna cruzada, apoyando el tobillo izquierdo sobre la rodilla derecha, formando un triángulo que hace de cuna para Luca. Duerme tranquilo, sabiéndose cuidado, acaba de conocerme y ya confía en mí, veo al bebé más hermoso del mundo, soy nuevo en esto de ser abuelo, apenas unos días, me siento impactado, ¿yo abuelo?, ¡si todavía no se que voy a ser cuando sea grande! Sin embargo creo que va a estar bueno, que puedo llegar a ser un abuelo piola, divertido y que puede tener algo para enseñar.
La ruta allí abajo llega a un punto que forma una T, sigo derecho, sin ruta de guía, según el mapa en unos kilómetros cruzaremos la 8 que es la que seguiré. Veo un ave a la izquierda, está cerca, creo que es una gaviota, de pronto se cruza por delante, palanca y pedal a la izquierda y la dejamos seguir su vuelo hacia el norte.
            Veo que queda poco combustible, avanzamos más lento de lo que pensaba, sobre la ruta, en una entrada a una pequeña población hay una estación de servicio y un poquito más adelante campo libre al costado de la ruta, me sobra espacio para bajar y está limpio y despejado, vuelta y abajo. Bajo la potencia y me acerco cada vez más al suelo, palanca atrás, pero en vez de apoyar sobre el suelo caigo unos cuantos centímetros y apoyan las ruedas con un salto, nos detenemos y bajo. Observo y encuentro que el soporte de la rueda izquierda se dobló un poco, reviso bien, no es algo importante, no veo que vaya a tener inconvenientes con esto, voy a llegar hasta Mina Clavero, que es mi destino y una vez allí sacar la pieza para dejarla derechita.
            Cruzo a la estación de servicio en busca de combustible, está a unos 300 metros aproximadamente.
-          Buenas tardes, puede ser 20 litros de Súper – pregunto.
-          Si, como no.
-          ¿Dónde estoy?
-          En La Luisa, sobre ruta 8.
-          Gracias.
Vuelvo al lado de Caleu, un auto se estaciona en frente de la ruta y desde adentro observan, nadie baja, creo que vinieron a ver el despegue. Preparo la mezcla, paso el combustible al tanque, hago un chequeo a Caleu. El auto se aburrió de esperar y se va. Enciendo motor y al aire nuevamente.
Seguimos avanzando, la idea original era salir hoy a las 8am y llegar hasta Río Cuarto para hacer noche, plan que ya se modificó pues salimos a las 11hs, y además avanzamos más lento de lo que había calculado, ahora me propongo llegar hasta Hughes y allí ver si tengo un rato más de luz o si me quedo a hacer noche.
La ruta allí abajo, en este tramo, es una gran recta. Pasamos varias poblaciones, la mayoría conectadas por un camino hasta la ruta, pequeñas poblaciones, calculo que de vida muy tranquila y de producción de los inmensos campos que hay alrededor.
Adelante aparece otra población, pero esta es más grande. Acercándonos se distingue ahora muchos edificios, y un barrio de casas igualitas hacia el norte. Mi ruta guía se transforma en la avenida principal, voy bordeando la ciudad por el norte, intentando no perder de vista la ruta que ahora está en medio de la ciudad. Consultando el mapa me digo que esto debe ser Pergamino. Ya del otro lado de la ciudad, perdí de vista mi ruta guía, tomo un poco más de altura y distingo la avenida que se convirtió en una calle de tierra. Observo el mapa nuevamente y veo que aparte de la ciudad solo se cruzan dos rutas, una que viene del sur-oeste hacia el nor-este y la otra es la 8 que va para el nor-oeste, así me oriento de nuevo y distingo cuál es mi ruta, allí vamos. A mi izquierda una pista, al costado de la ruta, se ven aviones más grandes y ultralivianos, veo que un grupo de gente me observa, muevo las alas para saludar y continúo con mi vuelo.
Otro rato en vuelo, a mi derecha tengo una pista, aquí podría bajar por combustible. Me acerco y veo todos los hangares cerrados, no hay autos, ningún movimiento, aquí no hay nadie. Hago una pasada y vuelvo para ver si alguien ha salido y nada. Miro el combustible, tengo para un rato más, mejor sigo hasta la próxima.
Pasan varios minutos, tal vez media hora.  Abajo hay ahora otra población, consulto el mapa, esto debería ser Hughes, el mapa me muestra una pista. No la encuentro. Continúo un poco más pero no aparece. Queda pocos minutos de día,  la noche reclama su lugar. Las nubes se fueron y dejaron el cielo al desnudo.
 Vuelvo y decido bajar en un campo que está al lado de una pista de carting, donde hay un grupito de personas que observan y otros que están corriendo. Observo el terreno y luego bajo. Aterrizaje suave, algunos saltitos por el terreno que hizo de pista. Carreteo un poco para acercarme al lugar donde hay gente. Quietos, detengo el motor. De golpe nos inclinamos hacia la izquierda, Caleu está herido,  el soporte de la rueda, el que pensé que iba a llegar hasta el final de este viaje se dio por vencido. Me saco el cinturón, me bajo, lo miro y pienso: que macana amigo.
Me acerco hasta donde está la gente.
- Hola, buenas tardes.- saludo.
- Hola, ¿que te pasó? – me dice uno de los que estaban allí.
- No encontraba dónde estaba la pista y bajé a preguntar, pero ahora tengo un problemita más.
- Si, veo. Dame un minuto que llamo a Fernando, que el anda siempre con los aviones.
En unos veinte minutos Fernando y Jorge, su amigo, se hicieron presentes. Coordinamos acciones, Jorge se fue en busca de un trailer en donde subir a Caleu y con Fernando nos quedamos desarmando el soporte de la rueda.
- Te vi pasar por arriba de la pista, pensé que ibas a bajar allá, pero pasaste de largo.
- No te puedo creer, le pasé por arriba y no la vi. Mi idea era bajar allí.
- ¿De dónde venís?
- Salí de Poblet, La plata, esta mañana y voy hasta Mina Clavero. La idea era llegar mañana, pero ahora con esto, no se, y para sumarle me agarra muy justo de dinero, recién estoy empezando allá.
            Llega Jorge con camioneta y trailer, la noche se hace presente también. Subimos a Caleu y comenzamos el traslado hasta el aeródromo que está cerquita. Adelante conduce Jorge, atrás viene Fernando con el auto, iluminando,  más atrás Emiliano con su camioneta y yo subido al trailer, sosteniendo a Caleu. Primeros cuarenta metros y está la tranquera del campo, muy despacio avanzamos, hasta que vemos que las alas tocarían en los postes de la tranquera. Emiliano se acerca y él de un ala y yo de la otra vamos levantando para que pase. Ya está afuera del campo, vamos por un camino viejo, en el que hay montañas de escombros y árboles talados a la altura de las alas. Continuamos a paso de hombre, bajándome para levantar un ala cuando es necesario. Etapa superada, estamos ahora en una calle de asfalto, avanzamos, lomo de burro, despacito. Camión estacionado a la izquierda, nos vamos hacia el otro lado y casi raspando pasamos. A la derecha árboles, vuelta hacia la izquierda y seguimos. Otro lomo de burro, despacito de nuevo. Ahora hay varios autos estacionados, el ala derecha pasa por arriba de ellos. De frente viene un camión, por suerte es una calle interna que da a un matadero, así que viene despacio. Nos vamos bien a la derecha y le dejamos el espacio justo para que pase. Seguimos los pocos metros de asfalto que quedan y ahora el camino es de tierra, pero enseguida aparece la entrada del campo dónde se encuentra el aero. Para cruzar la tranquera nuevamente tenemos que levantar las alas con la ayuda de Emiliano. Veinte metros más y tenemos a la derecha árboles y a la izquierda un poste de luz. Jorge hace unos intentos de maniobras, pero no hay caso. Desenganchamos el trailer y a mano lo maniobramos, lo ponemos de costado y luego lo giramos y así logramos que pase. Enganchamos nuevamente y avanzamos, se repite la última situación y repetimos la solución. Otra vez más enganchamos y ya hemos llegado al lado del hangar, solo tenemos que pasar por una última tranquera bastante alta. Desenganchamos y seguimos a mano. De cola hasta estar bien cerquita del alambrado, giramos, levantamos la punta del ala para que no toque el poste y ya tenemos un ala adentro, descanso de un instante y seguimos con el otro ala de la misma manera. Listo, está al lado de la puerta del hangar, hoy duerme afuera ya que adentro no hay lugar. Lo tapo.
- ¿Dónde vas a dormir? – me pregunta Fernando.
- No se, cuando veníamos para acá pasamos por la puerta de un hotel. – digo.
- Esperá que te averiguo si podés dormir acá.
- Uy, que bueno, sería genial. – contesto.
- Escuchame Pablo, si querés me llevo el soporte y mañana en cuanto abro el taller me pongo a reparar esto. – me dice Jorge.
- Buenísimo, eso sería un lujo.
Jorge tiene allí un taller metalúrgico y suele hacerle algunos trabajos para el aero. Emiliano tiene un camión, él fue quien llamó por teléfono y estuvo en todo momento a disposición. Nos saludamos y agradezco toda la movida que han hecho solo para dar una mano a esta persona que soy yo.
Llega Fernando y me dice que ya está arreglado, que me quedo a dormir ahí en la casa, donde vive Antonio y su sobrino Agustín. Vamos hacia la casa, que está al lado del hangar, y me presenta con Agustín y me muestra dónde voy a dormir, en un dormitorio hay unos colchones y mantas para pasar la noche.
- Che Fernando, ¿me alcanzás que voy para el pueblo? Pablo, vos ponete la tele y buscá que algo debe haber para comer – dice Agustín.
- Gracias Agustín pero ya es mucho, mejor me voy con vos hasta el pueblo y como algo allá.
            - Bueno, como quieras.
            Nos subimos al auto con Fernando y nos dejó en una estación de servicio. Antes de bajar Fernando saca $100 y me dice:
- Tomá, por si andás medio corto, comé bien.
- No, gracias che, fue un comentario eso, pero para comer tengo.- agradezco y no acepto.
Bajo y también baja Agustín, compartimos un café en la cafetería de la estación de servicios, que no me dejó pagar, y en un rato nos contamos nuestras historias. Se va, hago algunos llamados contando dónde estoy y ceno un impresionante y delicioso sandwich de lomo completo con un plato de ensalada, estaba hambriento, en mi estómago solo había unos mates que tomé a las 9 o 10 de la mañana, hoy me olvidé de almorzar y ni me di cuenta.
Converso un poco con la chica que atiende el lugar y en eso llega Antonio, a quién no conocía, pero él entró y dijo:
- Hola, ¿vos sos Pablo no?
            - Si, hola, mucho gusto.
            - Mirá, vamos a esperar un poco que en un ratito tiene que llegar una amiga de mi hijo que es artesana, que también se va a quedar en casa. – ahí entendí que era Antonio, el que me daba alojamiento.
            Antonio debe tener unos setenta años aproximadamente, conversamos un rato, hasta que llegó Paz, la chica que estábamos esperando, con su hijo de unos 3 o 4 añitos, calculo, se sumó Agustín y juntos a pie volvimos hasta la casa.
            La noche era fría, pero la casa estaba bien calentita gracias a esa especie de salamandra a leña. Compartimos un te y rato de charla en la cual nos conocimos y supimos un poco más de cada uno. Trasladé mi colchón a la cocina, para dejarle la pieza a Paz y su niño y nos fuimos cada uno a su cama.
            Hice un ratito de taiso, gimnasia para la salud,  y me acosté. Ya con la luz apagada pensé en todo lo que había vivido hoy, en las encantadoras personas que conocí, en lo increíble de cómo cada una de estas personas se puso a disposición para ayudar como sea, yendo a buscar combustible, trayendo un trailer para el traslado, haciendo fuerza para ayudar a llevar a Caleu, dándome alojamiento, ofreciéndome su dinero para mi cuidado. Estoy sorprendido, si bien yo soy un creyente de que la gente en general es buena gente, y suelo tener buenas experiencias con las personas, esto de hoy me ha dejado impactado y fascinado.
            Siento el cansancio de todo un día vivido a pleno, los párpados pesan y se cierran. La respiración se hace más profunda. Duermo.


8 comentarios:

  1. Pablo!!! no sabes lo que me gustan estas aventuras!! me retrae en el tiempo no mucho, je, y me acuerdo con mis 16 años hice 400 km en Bicicleta en solitario, ya algún día te voy a contar... mira me leí la primera, me leí la segunda... y eso que no me apasiona leer eeee... lo único que te pido no me vas a dejar sin la 3º parte eeeee... etiquetame en feis para que no se me pase sin querer!!!! capaz no la veo y me queda trunca la historia!!

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    1. Gracias elpescador22, es muy grato saber que gustan. Me imagino que esa bicicleteada debe haber sido una gran aventura, ya me lo contarás. Creo que van a ser cuatro las partes de este vuelo, ya veremos, la semana próxima publico la 3°. Un abrazo. buenos vuelos y cielos azules.

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  2. carlos alberto barbusano13 de julio de 2013, 0:23

    hola Pablo;me alegro al leer tu experiencia en el ultra,creo,si no me equivoco que una parte de Caleu,está hecha por mis manos; así que una parte mía vuela contigo....me encantaría seguir tú aventura para saber cómo termina,te mando un gran abrazo y nos veremos ,algún día,en lo de Matías!!!

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    1. Gracias Carlos por tu comentario, Caleu vuela muy lindo, así que si en parte te lo de lo a vos, ya te estoy agradeciendo. Un abrazo, buenos vuelos y cielos azules.

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  3. Hola Pablo:
    Me ha encantado leer tu maravillosa narración. Como a muchos, me ha llevado atrás en el tiempo y me ha hecho recordar lo que de verdad significa volar.
    Un abrazo y felices vuelos.
    Benito.

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    1. Muchas gracias Benito, me da mucha satisfacción que lo que escribo pueda gustar y provocar algo en los otros. Te agradezco tus palabras. Un abrazo, buenos vuelos y cielos azules.

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    2. PABLO,MUY LINDO,FELICITACIONES POR ESTA AVENTURA, AMO ESE AVION EL MENY, NOMBRE ANTERIOR ME DIO MUCHAS ALEGRIAS, ME ALEGRO QUE OTRA PERSONA DISFRUTE LO MISMO..FUERZA Y ADELANTE. MARIO CANTARUTTI.

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    3. Hola Marito, que alegría leerte por estos lados, muchas gracias, se que tienen cantidad de vuelos juntos. Un abrazo grande.

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El piloto disfruta del vuelo. (Cap. 3 del libro que estoy escribiendo)

Si me pregunto ¿qué encuentro en el vuelo?, o ¿qué es lo que hace que me guste volar?, me conecto rápidamente con placer y disfrute...