domingo, 18 de octubre de 2015

¿Nada que ver?


Me gusta volar. Cuando estás allá arriba, te das cuanta que volar es observar, es distinguir, es descubrir, es absorber, es impregnarte de lo que hay, de lo que ves, de lo que sentís, es aprender, es crecer, es compartir, es disfrutar, es liberar.
También siento, que todo eso que es volar, es hacer Coaching, así vivo una sesión de Coaching, así me pasa cuando doy una charla o un taller o un curso, cuando veo a las personas que participan.
También es así cuando practico y enseño Aikido, cuando una técnica es llevada a cabo y esa belleza y armonía se expresa, cuando un aterrizaje ocurre haciendo ukemi (caer rodando luego de una técnica).
Y cuando me toca hacer de bombero, cuando hay alguna salida, sigue siendo como volar, pues todo eso está allí presente.
Es que son actividades que realizo que no tienen nada que ver una con la otra, y a la vez, tienen todo que ver. ¿O será que es mi forma de ver? Cuando estoy realizando una de estas actividades, muchas veces aparecen las otras para entender, o para explicar algo.
En Aikido aprendemos como unificar la mente y el cuerpo, ahora es tiempo de unificar fuera del dojo (lugar de práctica), unificar aquí, en Permitido Volar, trayendo mi particular forma de observar desde el todo que soy.


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